MI HISTORIA DEL FRACASO ¿MI HISTORIA DEL FRACASO?

August 5, 2018

Es Agosto, hace calor, no hay clases este mes, os cuento de mi. 

 

 

Escribo demasiado en una sociedad que solo lee mensajes cortos por Whattsapp. Lo sé. Aún así voy a bucear en mis recuerdos:

Hace exactamente 4 años se tomó esta foto.

El final de mi primer entreno con Ana Forrest en 2014.

Era el entreno avanzado para profesores de yoga, yo ya era profe pero a causa de una hernia en los cervicales no podía continuar con mi práctica como antes, entré en frustración y ya no sabía qué es vivir sin dolor.

Encontré a Ana on-line. En internet. Tal cual.

Tomé mi primera clase con ella a través de un video y cuando terminé estaba SIN DOLOR después de casi un año y decidí: ¡esta es mi chica! 

Me inscribí en el entreno. Era caro. Demasiado caro como decían algunos compis de yoga ¿Por qué tienes que gastar tanto dinero para hacer esto que el yoga se puede hacer en cualquier sitio? ¿Qué es diferente en este yoga?

Estaba sin dolor. Relajé mis cervicales. Eso era diferente. Cuanto más diferente no lo sabía aún pero estaba por enterarme.

 

Berlín, 2014. Ya estamos sentados todos en la sala cuando entra Ella. 

Somos casi 60 personas en un espacio grande y aún Ana entra y lo domina todo con tan solo su presencia. Me posiciono a su lado durante la Ceremonia Inicial de cada mañana, invocando los 4 Elementos, y la observo - ella lo nota y se gira hacia mi mirándome fijamente. Nunca olvidaré esta mirada. Me lee el alma. “Ella es Mujer de Medicina no hace falta contarle nada sobre ti, lo sabrá” eso decían los compañeros antes de empezar. En este momento que ella me mira sé que es verdad. 

No voy a mentir, el entreno es duro. Nuestra práctica de yoga diaria de 3 horas al día antes de nuestro entreno por la tarde era … avanzada. Sudamos, practicamos a 28º C y con tanta gente la temperatura sube y sube … 

Llego a mis limites fisicos y emocionales. Mi cuerpo tembla y pienso en los que me decían “para qué necesitas esto?” y es cierto, ¿pa’ qué?? Podría estar en casa tranquilita. Seguro que mi hijo me echa de menos - aunque no me quiere hablar por teléfono.  

“Katja!!!! Quédate en tu cuerpo!!!” - me llama la atención Ana —- peroooo como me ha visto??? Qué hoy me he escondido en una fila detrás, en la parte de la pared, ella está delante en la sala en el otro lado. Me empieza a caer mal. Siempre igual estos profesores, tengo ganas de chillar. A tomar por culo. Así de claro. Tengo … ¿cuántos años?? Y me tengo que tragar esto. Cachis.

Mi estómago está saliéndose, mi garganta se está cerrando. Recuerdos suben: profes que me riñen, compañeros de clase que se burlan de mi por no ser tan guapa, no ser tan buena, no ser .. como ellos.

Ahora es la misma situación - pero en yoga. No soy tan flexible, ni tan delgadita ni tan mona como algun@s. Sin embargo: aquí estoy y aguantaré!! Siento mis piernas fuertes como me aguantan y siento que la respiración me cuesta - pero sigo, respirando en todo el drama que está pasando en mi cuerpo ahora mismo. Fuera está lluviendo. 

Katja, quédate en tu cuerpo.

Cabalgando en la ola de sentimientos que he pensado haber dejado atrás en el cole y viendo que aún siguen ahí me asusta. Me enfrento a mi peor enemigo en mi esterilla de yoga: a mi misma. 

Mis piernas ya no son tan fuertes, de repente se me hacen blandiblus. 

Tengo pequeños “flashbacks”: veo caras que había olvidado hace tiempo, el chico que me rechazó, el grupo de chicas “guapas” que pasaban de mi, los profes que me miraban con desprecio - ningún recuerdo de mis mejores amigas o del “chico que me prestó atención” - porque los fracasos nos quedan más clavados - en el corazón, en el alma. Y ahí es donde duele ahora y … lloro. Luego lloro también en el hotel. 

Lloro todo lo que no había llorado hasta entonces. De repente me doy cuenta que el cole nunca ha terminado. Yo misma me he invocado las mismas situaciones de rechazo y “no ser parte de …” durante toda mi vida. Ahora lo comprendo.

He podido acercarme a estos temas, con temor, con inseguridad, con miedo. Siendo guiada por Ana.

Ella control la clase en cada momento, ¿a caso sabía lo que sentía? Siempre cuando pienso “no puedo más” dice: “puedes más, respira, activa tus pies, siente tus rechazos, ¿te duele? Respira más hondo hacia este dolor” - la energía y sabiduría de ella me llevó muy, pero muy, fuera de mi círculo de confort. Respirar en el dolor - duele. Y más. 

Encima sudo, todos sudan. Si tomo una respiración más me asfixio. “Respira donde sientes tu bloqueo” repite Ana. Me voy a morir si tomo una sola respiración más. ¿Qué estoy diciendo? En realidad - me voy a morir por respirar. ¿No es que es doloroso respirar en “el bloqueo” y eso es lo que me causa la sensación que me voy a morir - en realidad? ¡Vaya, cada vez me gusta esto menos! ….

 

LAS TARDES:

Empieza el entreno. Cada uno tiene hasta 7 minutos para “dar la clase”, la otra parte del grupo era la clase, el resto sentado al lado “tomando notas” y decir después lo que “hemos cagado o no”. 

Hay varios grupos pero, claro. Me toca él donde Ana Forrest toma notas también.

Estoy nerviosa, sudo. Hablo y doy las instrucciones en inglés, se me olvida el nombre de la postura. Sudo más. “Quédate quieta y respira” dice la asistenta de Ana. Mi lengua se  hace un nudo, todo sale mal. NO digo nada bien. ¿Estoy diciendo algo? Ni idea. Miro la cara de la gente, Ana escribiendo.

No respiro. “Quédate quieta y respira” repite la asistenta. Me giro hacia ella y grito: “Pero déjame en paz YA” UUUUYYYYYY TODAS, pero TODAS las caras se giran hacia mi y me miran y veo como enseguida todos van tomando notas. 

Mi sentencia de la muerte.

¡Ya está!

Después de la clase me siento y espero el veredicto. 

“No aceptas la autoridad”

“No hablas con claridad”

“Eres un ….” - y ya no escucho, hace sol fuera y probablemente iré al hotel luego y de ahí cojo el tren para ver a mis padres. Mis compañeros de yoga tenían razón: No necesito esto.

Sentada en mi esterilla se levanta la gente y me tiran sus notas encima. No me muevo. Estoy sentada en medio de mi miedo y encima está todo escrito en un papel: no soy suficiente, he FRACASADO.

Espera, espera.

Viene la asistenta, a la que hice “callar” y me dice: esta es la nota de Ana. Y me la entrega. El papel de Ana era incluso más grande que los otros papeles.

P. … madre. A otra prueba por escrito sobre lo mala que soy no aguantaré. Menos de Ana.

No la leeré. No puedo más. Tiraré todo a la basura. Mejor no leer lo de Ana, me sentiré peor. 

 

Leo lo de Ana: “Katja, habla más fuerte, respira más, cuando hablas más fuerte la gente empieza a hacerte caso, habla más fuerte porque las cosas que estás diciendo son importantes y valen la pena ser escuchadas. No discutas con Kristy”

 

No me lo puedo creer. Ella me ha visto. Ella me ha entendido. No me ha destrozado. Ve lo que tengo que mejorar en mi y me anima viendo mis puntos fuertes. La primera profesora que no me ignora, no me juzga por fuera. Me ve “por dentro”.

Decido quedarme.

 

FÉNIX

Era el momento clave para creer en mi. Levantarme. Ignorar la critica, lo que piensan sobre mi, lo que YO pienso lo que piensan sobre mi. He seguido mi camino en el Forrest Yoga para mejorar como persona, como profesora de yoga para aprender de esta mujer GRANDE.

Mientrastanto, ya he tomado 4 entrenos de Forrest yoga hasta la fecha y estoy apuntada para el 5º.

Respirar en mis bloqueos, en mi dolor, me sacó y me sigue sacando del quicio. Es un alivio, es sanador - que después de sentir, cazar emociones y buscar de donde y de quien vienen, poder soltarlos. Eso he aprendido. Eso quiero que se aprenda en mis clases.

 

 

P.D.: con distancia: los demás no eran mejores ni peores que yo, casi cada uno fue criticado de manera igual por los demás. Sin piedad, algunos. Sentí una cierta dureza y ganas de desahogarse a través de criticar a compañeros.

Mis apuntes sobre los que dieron clase eran amables, por cierto. Apunté lo que me había gustado de ellos. Ya tenemos demasiada competición, autocritica, bajo autoestima para hacerlo más fuerte. Las notas que me dieron mis compañeros no eran ellos: era mi reflejo en ellos, lo que yo pensaba sobre mi. He aprendido que nos falta amabalidad con los demás.  Amabilidad con nosotros mism@s. 

Animando sus puntos fuertes, apoyándolos en sus puntos vulnerables para sanarlos

 

Eso quiero transmitir en mis clases. VEO a mis alumnos. 

¡Aho!

 

 

 

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